Lo bueno para uno y lo útil para los demás.









Que tu alegria sea la alegria de mi alegria.

Espero encontrar lo bueno para mí y lo útil para los demás.

La historia la escriben los que ganan ¿civilización o barbarie ?

Argumento



Un malón de indios irrumpe en una población fronteriza de blancos y toma cautiva (entre otros) a María, más tarde su esposo Brian, al intentar rescatarla sufre la misma suerte que la mujer. Los aborígenes festejan la victoria con un gran festín y la mujer -puñal en mano- aprovecha la confusión para liberar a su esposo malherido. Ambos buscan refugio en el desierto, en tanto que las tropas cristianas llegan hasta la toldería pero no encuentran a su jefe. La pareja comienza entonces una penosa huida en la que deben soportar la sed que los abrasa, la presencia de un tigre y la quemazón de unos pajonales que los rodean. Brian no resiste la aventura y muere. María sepulta a su esposo y continúa su camino con una sola esperanza: encontrar a su hijo. La mujer es hallada, finalmente, por un grupo de soldados que le informan la muerte del niño, degollado por los salvajes. Frente a esta noticia, María fallece. La llanura pampeana encierra en su seno las tumbas de los esposos.La alborada

Todo estaba silencioso.
La brisa de la mañana
recién la yerba lozana
acariciaba, y la flor;
y en el oriente nubloso,
la luz apenas rayando
iba el campo matizando
de claroscuro verdor.

Posaba el ave en su nido;
ni del pájaro se oía
la variada melodía,
música que al alba da;
y sólo, al ronco bufido
de algún potro que se azora,
mezclaba su voz sonora
el agorero yajá.

En el campo de la holganza,
so la techumbre del cielo,
libre, ajena de recelo,
dormía la tribu infiel;
mas la terrible venganza
de su constante enemigo
alerta estaba, y castigo
le preparaba crüel.

Súbito, al trote asomaron
sobre la extendida loma
dos jinetes, como asoma
el astuto cazador;
y al pie de ella divisaron
la chusma quieta y dormida,
y volviendo atrás la brida
fueron a dar el clamor

de alarma al campo cristiano.
Pronto en brutos altaneros
un escuadrón de lanceros
trotando allí se acercó,
con acero y lanza en mano;
y en hileras dividido
al indio, no apercibido,
en doble muro encerró.

Entonces, el grito
resuena en el llano,Cristiano, cristiano
Cristiano
repite confuso clamor.
La turba que duerme despierta turbada,
clamando azorada,
Cristiano nos cerca, cristiano traidor.

Niños y mujeres, llenos de conflicto,
levantan el grito;
sus almas conturba la tribulación;
los unos pasmados, al peligro horrendo,
los otros huyendo,
corren, gritan, llevan miedo y confusión.

Quién salta al caballo que encontró primero,
quién toma el acero,
quién corre su potro querido a buscar;
mas ya la llanura cruzan desbandadas,
yeguas y manadas,
que el cauto enemigo las hizo espantar.

En trance tan duro los carga el cristiano,
blandiendo en su mano
la terrible lanza, que no da cuartel.
Los indios más bravos luchando resisten,
cual fieras embisten:
el brazo sacude la matanza cruel.

El sol aparece; las armas agudas
relucen desnudas,
horrible la muerte se muestra doquier.
En lomos del bruto, la fuerza y coraje,
crece del salvaje,
sin su apoyo, inerme, se deja vencer.

Pie en tierra poniendo la fácil victoria,
que no le da gloria,
prosigue el cristiano lleno de rencor.
Caen luego caciques, soberbios caudillos:
los fieros cuchillos
degüellan, degüellan, sin sentir horror.

Los ayes, los gritos, clamor del que llora,
gemir del que implora,
puesto de rodillas, en vano piedad,
todo se confunde: del plomo el silbido,
del hierro el crujido,
que ciego no acata ni sexo, ni edad.
Horrible, horrible matanza
hizo el cristiano aquel día;
ni hembra, ni varón, ni cría
de aquella tribu quedó.
La inexorable venganza
siguió el paso a la perfidia,
y en no cara y breve lidia
su cerviz al hierro dio.

Viose la yerba teñida
de sangre, hediondo y sembrado
de cadáveres el prado
donde resonó el festín.
Y del sueño de la vida
al de la muerte pasaron
los que poco antes se holgaron,
sin temer aciago fin.

Las cautivas derramaban
lágrimas de regocijo;
una al esposo, otra al hijo
debió allí la libertad;
pero ellos tristes estaban,
porque ni vivo ni muerto
halló a Brian en el desierto,

su valor y su lealtad.